
Girar la nave
Proyecto Hail Mary me hizo pensar en la amistad, el miedo y esas personas inesperadas por las que, a veces, merece la pena cambiar de rumbo.

Proyecto Hail Mary me hizo pensar en la amistad, el miedo y esas personas inesperadas por las que, a veces, merece la pena cambiar de rumbo.

Quizá la pregunta no sea cuál es el propósito de la vida, sino qué estoy haciendo con la que tengo.

Una noche de insomnio me devuelve a diciembre, al amor perdido y a todos los hombres que fui antes de aprender a seguir viviendo.

Cada mañana, las mismas personas anónimas convierten el supermercado en un lugar familiar. Hasta que una nueva presencia altera la rutina.

Hay decisiones ajenas que sacuden nuestra confianza, pero las turbulencias no siempre anuncian una caída: a veces recuerdan que seguimos volando.

Un coche viejo, una carretera conocida y esa lealtad extraña hacia lo que sigue arrancando cuando casi todo lo demás cambia.

Cada mañana y cada noche, a las nueve, cepillo a Maia. Un gesto pequeño que me devuelve a los gatos que tuve y que ya no están. Una carta sobre el tiempo y las manos.

Carta personal y con humor sobre cambiar de estilo: dejar la reflexión para escribir cartas más narrativas. Un aviso al lector, unas disculpas y algo de polvo.

Llevo años contándote lo que pienso. Ahora quiero abrirte la puerta y dejar que vivas la escena conmigo. Una carta sobre empezar a escribir distinto.

El océano separa, sí, pero precisamente porque separa convierte cada visita en un viaje, y cada viaje en un acontecimiento.

Mi madre cumple ochenta y una primaveras. Y yo pienso en lo que significa llegar a esa edad con vitalidad, con cariño alrededor, y con la tranquilidad de quien ha vivido de verdad.

Reflexión sobre lo que se queda a medias —libros, amores, frases suspendidas— y por qué lo inconcluso es, en el fondo, lo único que sigue vivo dentro de uno.

De vez en cuando es bueno hablar con nuestro yo del pasado. Es una forma de reparar heridas que hicieron daño durante mucho tiempo.

Cuando la autoestima se hace pequeña no hay tragedia, solo desgaste. Una reflexión sobre los días flojos y la forma honesta de cuidarse.

Una carta con humor sobre la experiencia de vivir con un gato que nadie suele explicarte cuando piensas adoptar uno.

Una carta sobre resiliencia, amor y los límites que nos imponemos a nosotros mismos.

Primer domingo de mayo. Sobre las madres que construyeron todo sin que nadie les regalara nada, y sobre las cosas importantes que no hay que dejar sin decir.

Todos recordamos a Víctor y a la criatura, pero nadie habla de Ernest Frankenstein. Una carta sobre el hermano olvidado de la novela de Mary Shelley.

Cambiar de opinión parece sencillo desde fuera. Por dentro es un acto de derrumbe. Y quizás por eso tanta gente no lo hace.

Una carta a mí mismo desde el otro lado del invierno. Sobre lo que termina, lo que se aprende cuando uno para a escribir, y una puerta que mira hacia adentro.