Este blog tiene más años de los que parece. Registré jaimeblanco.com en marzo de 2004, cuando Internet era un lugar bastante distinto al que conocemos hoy. No había redes sociales como las entendemos ahora, los teléfonos todavía servían fundamentalmente para llamar por teléfono y tener un espacio propio en la Red significaba, literalmente, construirlo uno mismo.
Por entonces llevaba ya unos cuantos años metido en esto de Internet. Había creado páginas, administrado servidores, participado en comunidades y probado prácticamente cualquier cosa que pudiera hacerse delante de un navegador. Tener mi propio dominio fue una consecuencia bastante natural de todo aquello. Si iba a pasar tantas horas conectado, pensé, también quería tener un pequeño lugar que pudiera llamar mío.
Y así nació jaimeblanco.com.
Una de sus primeras vidas fue precisamente como blog. WordPress acababa prácticamente de nacer y yo empecé a utilizarlo cuando todavía estaba muy lejos de convertirse en la plataforma gigantesca que es hoy. Aquello era mucho más rudimentario, naturalmente, pero también tenía cierto encanto. Internet parecía entonces un territorio enorme por descubrir y los blogs eran espacios personales de verdad. Cada uno tenía su diseño, sus manías, sus enlaces favoritos y su pequeña colección de lectores.
Durante todos estos años, jaimeblanco.com ha sido muchas cosas.
He escrito sobre tecnología, sobre Internet y sobre algunos de los proyectos en los que estaba involucrado. Hubo épocas con mucha actividad y otras en las que prácticamente desaparecí. Cambié diseños, instalé y desinstalé WordPress incontables veces, probé ideas, abandoné algunas y volví a empezar otras tantas.
Y cometí también uno de esos errores que solo se entienden con el paso del tiempo: borré todo de lo que había escrito.
En aquel momento no me parecía importante. Cerraba una etapa, eliminaba el contenido y comenzaba otra. Era una especie de limpieza digital. Pensaba que aquellas páginas antiguas ya no tenían demasiado sentido y que Internet estaba hecha para avanzar siempre hacia lo siguiente.
Hoy lo veo de manera muy diferente.
Me habría gustado conservar aquellos textos, aunque algunos seguramente me provocarían cierto pudor al releerlos. No porque fueran especialmente buenos, sino porque eran míos. Contaban lo que pensaba entonces, las cosas que me interesaban, cómo escribía y, en cierto modo, quién era.
Con el tiempo he entendido que también nosotros dejamos huellas en Internet. Una fotografía antigua puede recordarnos cómo éramos físicamente, pero un texto conserva algo mucho más difícil de fotografiar: nuestra manera de pensar.
Quizá por eso ahora intento no borrar nada.
Durante muchos años este dominio continuó conmigo aunque el blog dejara de ocupar un lugar importante en mi vida. Hubo otros proyectos, otras páginas y otras formas de estar en Internet. jaimeblanco.com permanecía ahí, unas veces activo, otras prácticamente dormido, como esas casas familiares o de veraneo a las que uno no vuelve durante mucho tiempo pero que nunca termina de abandonar.
Hasta que me atreví a publicar.
En 2024 comenzó una etapa diferente. Escribir sobre temas personales no era algo nuevo para mí; llevaba haciéndolo prácticamente toda la vida, aunque siempre en privado. Eran textos que guardaba para mí y que rara vez me atrevía a enseñar. Substack cambió eso. Por primera vez empecé a publicar aquellas cartas personales y a compartir con otros una parte de mí que hasta entonces había preferido mantener escondida.
Ya no quería hablar de tecnología ni explicar cómo funcionaban las cosas. Quería contar lo que me ocurría, lo que pensaba, aquello que recordaba o cualquier pequeña historia que consiguiera quedarse el tiempo suficiente dando vueltas dentro de mi cabeza.
Esas cartas comenzaron a convertirse, casi sin darme cuenta, en mi particular manera de llevar un diario.
Substack cumplió su función: me ayudó a perder el miedo a publicar lo que escribía. Pero con el tiempo empecé a echar de menos algo que conocía perfectamente: tener mi propia casa.
Así que el 1 de enero de 2026 abandoné Substack y regresé definitivamente a jaimeblanco.com.
Después de más de veinte años probando proyectos, plataformas y distintas formas de publicar en Internet, había terminado volviendo exactamente al mismo lugar.
Me resulta curioso pensarlo.
El Jaime que registró este dominio en 2004 y el que escribe estas líneas tienen muchas cosas en común, pero también han cambiado muchas cosas entre uno y otro. Han pasado años, experiencias, personas, pérdidas, alegrías, cambios de opinión y unas cuantas vidas pequeñas dentro de una vida grande.
El blog también ha cambiado conmigo.
Quizá por eso esta nueva etapa es diferente de todas las anteriores. Ya no tengo demasiada necesidad de reinventarlo constantemente ni de convertirlo en algo distinto cada pocos años. Tampoco tengo grandes planes para nada concreto.
Solo quiero escribir.
Cada domingo publico una nueva carta y la dejo aquí. Algunas hablan de cosas importantes y otras de detalles aparentemente insignificantes. Hay recuerdos, experiencias, libros, películas, personas, miedos, pérdidas, días buenos, días menos buenos y pensamientos que probablemente habría olvidado si no me hubiera sentado a escribirlos.
Y esta vez quiero conservarlas todas.
Me gusta pensar que, dentro de muchos años, podré recorrer este archivo y encontrarme de nuevo con las distintas personas que fui siendo por el camino. Saber qué me preocupaba, qué me hacía sonreír, qué había perdido, qué esperaba encontrar y cómo veía el mundo una tarde cualquiera.
Al final, quizá esa sea la verdadera historia de este blog.
No la de un dominio registrado en 2004 ni la de las diferentes versiones de WordPress que han pasado por él. Ni siquiera la de todas las veces que lo abandoné y regresé.
Es la historia de un lugar que ha permanecido aquí mientras yo cambiaba.
Y después de tantos años buscando sitios donde escribir, he terminado comprendiendo que el mío siempre había estado aquí, esperándome.