Presentación

Me llamo Jaime Blanco. Nací en Madrid, pero Tenerife ha sido mi casa durante casi cuarenta años. Llegué siendo muy joven y aquí he crecido, he trabajado, he querido, he perdido, he cambiado y he construido buena parte de mi vida. Hay lugares en los que uno vive y lugares que terminan formando parte de uno. Tenerife es eso para mí. Nací madrileño, pero esta tierra me ha hecho sentir canario de corazón.
Siempre he sido una persona curiosa. Me interesan demasiadas cosas y probablemente esa sea una de las razones por las que escribo. Me gusta observar, darle vueltas a lo que ocurre, recordar conversaciones, fijarme en pequeños detalles y preguntarme por qué algunas cosas aparentemente insignificantes consiguen quedarse conmigo durante días.
La escritura ha estado presente en mi vida desde hace mucho tiempo, aunque durante años fue algo estrictamente privado. Escribía para mí. Reflexiones, historias, pensamientos, poemas, textos que terminaban guardados en mi ordenador y que nadie llegaba a leer. No era exactamente un secreto, pero sí una parte de mí que prefería mantener al margen de todo lo demás.
Hasta que un día decidí empezar a publicar.
Desde entonces he descubierto algo que quizá debería haber sabido mucho antes: escribir cambia cuando sabes que alguien puede estar al otro lado. No porque escriba pensando en agradar a quien me lee, sino porque compartir una historia obliga, de alguna manera, a terminarla, ordenarla y dejarla marchar.
Por eso nacieron estas cartas.
En ellas escribo sobre mi vida, pero también sobre libros, películas, recuerdos, personas, lugares, pérdidas, miedos, pequeñas alegrías y escenas cotidianas que probablemente pasarían inadvertidas si no me detuviera un momento a mirarlas o a pensar en ellas. Algunas cartas nacen de algo importante; otras, de una tontería ocurrida una mañana cualquiera.
Nunca he tenido demasiado interés en presentarme como escritor. Es una palabra que todavía me queda un poco grande. Simplemente escribo. Lo hago porque me gusta y porque es probablemente la mejor manera que conozco de ordenar todo ese ruido que voy acumulando en mi cabeza.
También soy un lector empedernido. Me atraen especialmente la literatura y la filosofía clásica. Séneca, Marco Aurelio y Epicteto llevan años acompañándome, aunque procuro que la filosofía no convierta mi vida en un tratado. Me interesa mucho más cuando sirve para entender un martes complicado que cuando pretende explicarme el universo entero. También tengo debilidad por la ciencia ficción, tanto en los libros como en el cine.
Fuera de la escritura, llevo prácticamente toda mi vida adulta rodeado de tecnología e Internet. Empecé a moverme por la Red cuando conectarse significaba escuchar el ruido de un módem y tener paciencia. Desde mediados de los años noventa he creado páginas web, gestionado proyectos, servidores, dominios y comunidades. Internet ha cambiado por completo desde entonces y yo, inevitablemente, también.
Quizá por eso me gusta tanto mantener este pequeño espacio propio. Después de tantos años viendo aparecer y desaparecer plataformas, redes sociales y formas nuevas de comunicarnos, sigo encontrando algo especial en tener una página que simplemente es tuya.
Pero esta página tampoco pretende ser mi currículum.
Si realmente quieres conocerme, seguramente sea mejor que leas algunas cartas.
Ahí estoy mucho más que en cualquier biografía: en las cosas que echo de menos, en aquello que me hace reír, en mis contradicciones, en las noches en las que no consigo dormir, en las personas con las que me cruzo cada día, en los libros que me conmueven y en todas esas preguntas para las que todavía no he encontrado respuesta.
Supongo que esta página solo sirve para poner nombre a quien escribe todo eso.
El resto de mí está repartido por el blog.
(Si quieres saber más sobre mí y mis aficiones, haz clic aquí).