disculpa las molestias

Disculpa las molestias

Carta personal y con humor sobre cambiar de estilo: dejar la reflexión para escribir cartas más narrativas. Un aviso al lector, unas disculpas y algo de polvo.

Te escribo de nuevo este domingo para avisarte de algo y, como las cosas se dan mejor de frente, voy al grano: estos próximos domingos puede que te encuentres mis cartas un poco raras. No te alarmes, no me he dado un golpe en la cabeza; tan solo quería pedirte disculpas. Es que estoy de obras.

Llevo años escribiéndote de la misma manera: me siento, pienso en voz alta, te llevo de paseo por una idea y, al final, los dos hacemos como que hemos entendido algo. Funciona. Pero un día me asomé a ese espejo literario al que uno no debería asomarse mucho y me dije: Jaime, llevas toda la vida explicando cosas, explicando lo que sientes. ¿Y si, por una vez, en lugar de explicar, dejaras que las cosas simplemente pasaran?

Y aquí estoy. Decidido a cambiar de registro a los cincuenta y tantos, que es justo la edad en la que uno debería estar sentando la cabeza y no liándola más. Ya sé que te avisé de ello en la carta del domingo pasado, pero lo hice de forma un tanto solemne y realmente me da la sensación de estar de obras, de estar «molestando» con el cambio.

Lo que quiero hacer, dicho en cristiano, es escribir cartas más narrativas. Menos «yo pienso que» y más «eran las ocho de la tarde y…». Menos sermón de domingo y más peliculilla, vamos. En vez de contarte que una tarde fue serena, sentarte en la silla, ponerte el café delante y callarme para que lo notes tú. Suena fácil. Pero no lo es. Llevo tanto tiempo dándole a la tecla del pensamiento que tengo los dedos algo deformados.

disculpa las molestias

Así que te pido un poco de paciencia, que es lo que se pide siempre cuando hay andamios de por medio. Va a haber polvo. Va a haber ruido. Vas a entrar en alguna carta y encontrarte los muebles cambiados de sitio sin que nadie te haya avisado, una frase a medio levantar, un párrafo apuntalado con dos tablones a la espera de que decida qué hago con él. Habrá cartas que me salgan regular. Habrá alguna en la que arranque una escena con mucho arte y a la mitad no sepa cómo seguir, y tú notes el bajón, como cuando una canción promete y el estribillo no llega. Te pido por adelantado que me lo perdones. Aprender en público, delante de quien me lee desde hace años, tiene su puntito de vergüenza torera. Aunque, siendo sincero, tampoco somos multitud por aquí, y los pocos que estáis sabréis perdonarme.

Maia, que es mi único testigo en esta casa, asiste a todo esto con la indiferencia soberana de quien nunca ha tenido que aprender nada porque ya nació sabiéndolo todo. La miro buscando un poco de apoyo moral y me devuelve un parpadeo lento que, en idioma gatuno, significa exactamente «apáñate con tus movidas». Gracias, Maia. Siempre tan implicada en mis proyectos.

Separador

Que no cunda el pánico, en todo caso. No voy a desaparecer ni a volverme otro de repente. El de las reflexiones a media tarde seguirá aquí y asomará la cabeza cuando le toque, porque ese también soy yo y le tengo cariño. Solo que, de vez en cuando, en lugar de pensar en voz alta, voy a probar a contarte una historia. A abrirte la puerta en vez de describirte la vista desde la ventana. Si la cosa sale bien, ganamos los dos. Si sale mal, siempre nos quedará reírnos de mí, que el humor también enseña cosas buenas.

Pues eso era todo. El aviso a navegantes de un domingo cualquiera. Si algún día abres una carta mía y notas algo distinto, no pienses que me he equivocado de archivo ni que te he mandado lo de otro. Es que estoy experimentando, justo ahí, dándole con el martillo a ver si tiro un tabique y entra más luz.

Disculpa las molestias. Y gracias por seguir entrando a esta casa, aunque huela un poco a pintura.

Que sigas bien.

Gracias por leer hasta el final.
Espero que estas palabras te hayan acompañado, aunque sea un ratito.
Gracias por estar. 💙

Con afecto,
Jaime Blanco.
#sentioergosum

Separador

Nota de autor:
Escribo para entender, no para explicar. La escritura es mi forma de pensar en voz baja.

¡Suscríbete!

Si quieres que te avise acerca de nuevas cartas publicadas, no dudes en suscribirte.

Prometo no enviarte nunca spam ni compartir tu correo con nadie.

Jaime Blanco
Jaime Blanco

Escribo sobre lo que me atraviesa: el tiempo, el miedo, el amor, las dudas y esas pequeñas certezas que aparecen cuando uno se para a pensar. Si buscas textos que no griten, que no prometan salvarte la vida o que te acompañen un rato, estás en tu casa.