
No del todo invisibles
Cada mañana, las mismas personas anónimas convierten el supermercado en un lugar familiar. Hasta que una nueva presencia altera la rutina.

Cada mañana, las mismas personas anónimas convierten el supermercado en un lugar familiar. Hasta que una nueva presencia altera la rutina.

Cada mañana y cada noche, a las nueve, cepillo a Maia. Un gesto pequeño que me devuelve a los gatos que tuve y que ya no están. Una carta sobre el tiempo y las manos.

Cuando la autoestima se hace pequeña no hay tragedia, solo desgaste. Una reflexión sobre los días flojos y la forma honesta de cuidarse.