esto tambien pasara

Esto también pasará

Aprendiendo a despedirme sin hacer un drama. El dolor cuando viene del amor es muy cruel; te duele todo el cuerpo. Es un dolor miserable.

Hay una frase que me ronda la cabeza desde hace semanas. Seguro que la has oído mil veces: «esto también pasará». Dicen que viene de una fábula persa, dada a conocer en los años cuarenta del siglo veinte en el mundo occidental principalmente por Edward Fitzgerald, poeta inglés. Trataba de un sultán que pidió a un sabio oriental una frase que le sirviera para cuando todo iba bien y para cuando todo se iba al garete. Algo que no lo dejara creerse un dios en los días buenos ni tampoco un desastre en los malos. Y le dieron esa frase. Simple. Seca. Implacable.

Yo la llevo ahora como quien lleva una pulsera en la muñeca y la toquetea cuando está nervioso. No se me quita de la cabeza…

Se va a cumplir un mes de mi ruptura sentimental y todavía siento mucho dolor. Todavía escucho frases que se quedan a medio camino. Esa sensación rara de estar despidiéndome de esa persona maravillosa que todavía está delante de mí y que no sé cómo afrontar… pero ya la he perdido. Ya no está…

Yo lo llamo duelo, aunque suene grande, porque no solo he perdido a la persona. He perdido el contacto. Los mensajes. La voz al otro lado del teléfono, su imagen al otro lado de la pantalla. Los «buenos días» que me ordenaban la mañana y los «descansa» que me cerraban el día. He perdido esa presencia cada vez más pequeña, pero constante, y que no se nota hasta que realmente desaparece.

Es como si alguien hubiera apagado una radio que llevaba meses sonando de fondo. Al principio no sabes qué pasa… después solamente notas silencio…

Sigo enamorado como el primer día. Tengo el corazón y el alma llenos de amor y de afecto. Y lo digo así, sin rodeos. Uno no puede dejar de sentir lo que siente de la noche a la mañana, ni de un día para otro. Ni de una semana para otra. Supongo que será cuestión de meses; no sé cuántos. Cuando se siente mucho amor es difícil quitárselo de encima. Todo será cuestión de tiempo… Por eso ahora mismo no puedo ser «solo amigo». No porque no quiera ser buena persona, sino porque no sé serlo a medias. No sé sentarme frente a alguien que me importa mucho y fingir que lo que hubo se ha convertido en algo neutro, amable, inofensivo.

A lo mejor algún día sí. A lo mejor esa palabra, amistad, deja de doler y empieza a sonar a otra forma de estar o de ser. Pero hoy no. Hoy necesito distancia como se necesita aire cuando te han sacado de debajo del agua. Porque echo de menos esas tonterías de persona enamorada. Porque no puedo quejarme de la pérdida de esas tonterías sin sentir que estoy exagerando. Echo de menos una manera de mirar antes de decir algo importante. Echo de menos mensajes que no decían nada y, por eso mismo, lo decían todo. Echo de menos risas espontáneas. Echo de menos sentir que había alguien ahí pensando en mí sin que yo tuviera que demostrar nada.

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Hay días en los que me levanto creyendo que ya estoy mejor. Me hago un café, abro el ordenador, escribo, leo, voy a trabajar, cumplo con la vida como un adulto funcional. Y luego, sin previo aviso, algo me recuerda a esa persona —una frase, una imagen, un momento, una canción— y ese paso adelante se convierte en medio paso atrás. O en quedarme quieto mirando a ninguna parte.

Supongo que así va esto. No es una línea recta. Es más bien una espiral. Recuerdo las mismas cosas, pero cada vez un poco distinto, más desde la distancia. O eso quiero creer.

Y ahí vuelve la frase: «esto también pasará». Como si se tratara de una promesa en toda regla. Como cuando alguien te pone la mano en el hombro y no te dice nada, pero te quedas un poco más tranquilo.

He descubierto una cosa en medio de todo esto: escribir no me arregla, pero me ordena. No me está curando, pero me proporciona un sitio donde dejar lo que pesa. Pongo las palabras en la pantalla como quien deja una caja de sentimientos detrás de la puerta para no tener que cargarla todo el tiempo a todas partes. Sigue ahí, pero ya no la llevo en brazos.

Escribo para no quedarme hecho una mierda por dentro. Para no endurecerme. Para entender qué demonios me pasa. Para decirme, línea a línea, que lo que siento no es solo un lío, que tiene forma, que tiene nombre, que se puede mirar sin salir corriendo, que tengo que enfrentarme a ello.

Noto que escribo con cuidado, como si las frases fueran de cristal. Otras veces escribo de golpe, sin pensar, como quien abre una ventana de par en par porque la habitación se ha quedado sin aire. En los dos casos, supongo, lo hago por lo mismo: para mantenerme cuerdo.

Hay una parte de mí que quiere que todo esto pase ya. Que se vaya ese nudo que tengo en el pecho, la costumbre de mirar el móvil esperando un nombre que ya no va a aparecer, o esa sensación de que no podré ver más a la persona amada… Y hay otra parte —más honesta— que no quiere que pase del todo. Porque cuando pase, lo que hubo se convertirá en recuerdo. Y los recuerdos son sitios a los que solo puedes ir de visita. Nunca a quedarte.

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Así que aquí estoy. Aprendiendo a despedirme sin hacer un drama, sin que me vaya la vida en ello. A decir adiós en voz baja. A aceptar que algunas historias no se rompen: simplemente se quedan sin páginas nuevas que leer.

Necesito vaciar mi corazón de amor, porque duele. Duele muchísimo…

No hablo desde el otro lado del río. Hablo desde el puente. Desde ese punto raro donde miro atrás y, aun así, sigo caminando hacia delante sin tener muy claro hacia dónde. No por costumbre, ni porque tenga fe en nada. Quizá sea porque el tiempo no me está preguntando nada, solo me empuja día a día, sin darme ninguna solución a este dolor.

«Esto también pasará» no es una solución. Es una mano en el hombro. Y ahora mismo, supongo que con eso me vale. Pero solo lo supongo.

Si algún día leo esto desde un futuro en el que ya no duela, quiero acordarme de este momento. No para volver a vivirlo, sino para recordar que estuve aquí. Que quise. Que amé. Que perdí. Que me cuidé poniendo distancia. Y que, aun así, seguí escribiendo, que en el fondo es un poco mi forma de seguir respirando.

Esto también pasará.
Pero esto —lo que fue, lo que dolió, lo que importó—, de alguna manera memorable y bastante humana, se quedará en mi corazón para siempre.

Que sigas bien.

Gracias por leer hasta el final.
Espero que estas palabras te hayan acompañado, aunque sea un ratito.
Gracias por estar. 💙

Con afecto,
Jaime Blanco.
#sentioergosum

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Nota de autor:
Escribo para entender, no para explicar. La escritura es mi forma de pensar en voz baja.

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Jaime Blanco
Jaime Blanco

Escribo sobre lo que me atraviesa: el tiempo, el miedo, el amor, las dudas y esas pequeñas certezas que aparecen cuando uno se para a pensar. Si buscas textos que no griten, que no prometan salvarte la vida o que te acompañen un rato, estás en tu casa.