por que abandone substack

Por qué abandoné Substack

A veces no se trata de abandonar un sitio, sino de llegar a otro. Esta carta habla de silencio, de cierres necesarios y de escribir desde un lugar más propio.

A comienzos de 2024 descubrí la plataforma Substack. A mí me encanta escribir, y fue amor a primera vista. En marzo de ese mismo año me lancé a publicar mis textos allí. Fue un tramo del camino. Un lugar donde me senté a escribir con cierta constancia, donde encontré lectores generosos, conversaciones bonitas y esa sensación —tan tentadora— de estar acompañado mientras uno pone palabras a sus pensamientos.

No tengo nada malo que decir de Substack. Al contrario. Fue una buena casa durante un tiempo. Luminosa, compartida, viva. Me permitió volver a escribir con regularidad, recuperar una voz que a veces se me escondía y comprobar que ahí fuera había gente dispuesta a leer con calma, que no es poco en estos tiempos. Le estaré siempre agradecido por eso.

Pero hay momentos en los que uno empieza a notar que algo ya no encaja del todo.

Más que una ruptura brusca, notaba una cierta incomodidad, pero persistente. Como cuando sigues usando una silla que fue cómoda, pero ahora te obliga a cambiar de postura cada pocos minutos. Nada grave. Nada urgente. Pero tampoco sostenible en el tiempo. Desde octubre de 2025 ya venía sintiéndome así.

Me fui dando cuenta de que estaba escribiendo con demasiado ruido alrededor. Ruido amable, sí, pero ruido al fin y al cabo. Pensando en el ritmo, en la cadencia de publicación, en el eco de las notificaciones. Pensando —aunque no quiera admitirlo— en quién lee, en quién responde, en quién está al otro lado.

Y yo no quería eso. Necesitaba otra cosa.

Necesitaba silencio.

No ese silencio vacío, sino aquel que permite escuchar lo que uno lleva dentro, pero sin interrupciones ni notificaciones. Necesitaba escribir sin pensar demasiado en el ahora, sin la sensación de que cada texto debía cumplir una función inmediata. Quería volver a escribir como quien guarda algo en un cajón: sin prisas, sin expectativas, y con la intención de volver más adelante.

por que abandone substack

Abandoné Substack porque también coincidió con un momento personal de esos que te obligan a recolocarlo todo, que remueven tu interior drásticamente. A veces la vida decide mover los muebles de sitio sin pedir permiso, y uno se queda mirando la habitación intentando entender dónde poner la mesa de nuevo. En ese proceso hay lugares que empiezan a doler un poco. No por lo que son, sino por lo que recuerdan, y por lo que significaron.

Hubo un tiempo en el que escribir también era una forma de quedarme. De sostener algo. De no soltar del todo. Y llega un día en el que entiendes que, para seguir escribiendo con honestidad, necesitas que algunas palabras no encuentren destinatario. Que no todo tenga que ser leído por las mismas miradas. Que hay textos que solo pueden nacer cuando nadie —en concreto— los está esperando.

No se trata de huir. Se trata de cuidar más lo que uno hace para sí mismo.

Por eso este cambio no va de plataformas ni de decisiones técnicas. Va de lugar interior. De darme permiso para escribir desde otro sitio, con otro tempo, con otra intención. De construir un espacio propio, sencillo, sin algoritmos, sin notificaciones, sin la sensación de «estar de paso».

Este blog siempre lo he tenido para eso. Siempre lo he querido como un sitio íntimo donde dejar pensamientos, poemas, reflexiones, cartas para mi yo del futuro. Un archivo personal más que un escaparate. Un lugar al que volver dentro de unos años para reconocerme —o no— en lo que hoy escribo. Se trata de lo que se ha tratado siempre, de escribir con honestidad. De escribir cuando tenga algo que decir y callar cuando no. De publicar textos que quizá no busquen gustar, sino permanecer. Palabras que no aspiran a circular, sino a quedarse quietas, aquí, en este humilde blog.

Substack fue parte del camino. Importante, incluso necesaria. Pero hay etapas que se cumplen, simplemente se agradecen, se miran con cariño y se dejan atrás.

Ahora escribo desde aquí. Desde un lugar más lento, más mío. Y eso, al menos para mí, lo cambia todo. Como he dicho siempre, escribo para que, en un futuro más o menos corto, pueda recordar quién fui… cuando vuelva a leerme.

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Sin despedidas

No es un secreto que no me gustan las despedidas, más bien las odio. Tampoco me despedí en Substack. Y creo que eso merece al menos unas líneas de honestidad. No hubo un texto final, ni un aviso previo, ni un «hasta pronto». El 31 de diciembre de 2025 cerré, eliminé el perfil y desaparecí. Visto desde fuera puede parecer brusco, incluso descortés. Pero no fue un gesto contra nadie.

Fue una forma de protegerme.

En ese momento no tenía fuerzas para explicarme, ni para responder mensajes bienintencionados, ni para sostener conversaciones que me obligaran a justificar una decisión que aún estaba entendiendo yo mismo. A veces las despedidas, cuando se verbalizan, se convierten en negociaciones emocionales. Y yo necesitaba cerrar sin ruido, sin conversaciones, sin la tentación de quedarme un poco más por no incomodar a nadie.

No fue falta de gratitud. Al contrario. Fue respeto por lo vivido y por las personas que estuvieron ahí. Preferí el silencio a una explicación a medias. Preferí irme del todo antes que quedarme de una forma que no fuese honesta.

Hay momentos en los que uno no sabe marcharse de otra manera. Y eso también forma parte del aprendizaje, supongo.

Que sigas bien.

Gracias por leer hasta el final.
Espero que estas palabras te hayan acompañado, aunque sea un ratito.
Gracias por estar. 💙

Con afecto,
Jaime Blanco.
#sentioergosum

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Nota de autor:
Escribo para entender, no para explicar. La escritura es mi forma de pensar en voz baja.

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Jaime Blanco
Jaime Blanco

Escribo sobre lo que me atraviesa: el tiempo, el miedo, el amor, las dudas y esas pequeñas certezas que aparecen cuando uno se para a pensar. Si buscas textos que no griten, que no prometan salvarte la vida o que te acompañen un rato, estás en tu casa.