Este fue el relato que presenté al Concurso del Escritor en Substack que se celebró en octubre de 2025 y con el que tuve el honor de quedar finalista. El tema sobre el que había que escribir era: «Conversaciones con un lugar».
Pensé en este relato, vivido y basado en hechos reales.

Boca do Río. Allí donde todo tiene sentido
Hay lugares que no se pueden describir. Más bien se viven, se respiran y se disfrutan; dejan en nosotros una huella que hace que la experiencia tenga más verdad que el propio recuerdo. Sin duda, eso me ocurre con este sitio, donde he comprendido lo complicado que es explicar lo que se siente al visitarlo.
Allí, donde el río Valdebois entrega su último aliento al océano Atlántico, nace Boca do Río, una franja de arena dorada de unos trescientos metros de longitud, en la que el río y el mar se abrazan sin medida. Ese encuentro entre corrientes se convierte en una íntima conversación entre lo dulce y lo salado, entre la calma y la prisa, entre la quietud y el entusiasmo. Mientras mi pareja contempla el mismo paisaje, pienso que esa confluencia de aguas también refleja, de algún modo, nuestras historias; dos historias distintas desembocando en un mismo cauce.
La primera impresión que guardo de este lugar no es la de la arena bajo mis pies, ni la del horizonte abierto, sino la de su inmensidad y grandeza. Todo late a un ritmo distinto. El océano, vestido con los reflejos del sol de media tarde, avanza a ritmo lento mientras nos susurra y nos mece con el suave, pero imparable, vaivén de sus olas. La arena es clara, con tonos de oro apagado que se encienden bajo los últimos rayos de sol. Al caminar, dejamos huellas paralelas que el viento se esfuerza en difuminar con una paciencia infinita; el lugar parece empeñado en recordarnos que nada permanece demasiado tiempo, ni siquiera las pisadas compartidas.

Más allá, en la franja de vegetación, en la propia desembocadura del río, los verdes pinos se alzan solemnes hacia el Monte Pindo, ese monte que los antiguos llamaban el Olimpo celta, y que se eleva como un santuario de granito, custodiando el silencio de la playa con su presencia ancestral. Hay algo sagrado en ese contraste entre la piedra y el agua, entre la quietud y el movimiento. Todo parece formar parte de un orden preestablecido que solo el corazón y los sentidos comprenden.
Una mano se entrelaza con la mía, y ese gesto sencillo permanece anclado en mi memoria. No hace falta hablar. El lugar habla por nosotros en susurros de espuma, en pasos silenciosos sobre la arena, en destellos de atardecer que parecen bendecir el instante. Comprendo entonces que Boca do Río no solo es un paisaje, es algo distinto. Se parece más a un pacto interno entre la tierra, el agua y dos almas que se encuentran.
La noche cae despacio. El cielo se llena de estrellas y el océano se torna oscuro. Encendemos una pequeña linterna y permanecemos en silencio, mirando cómo las sombras se hacen dueñas de la arena y cómo, poco a poco, el mar de ardora1 hace acto de presencia ante nuestros ojos: es la magia de la bioluminiscencia. Ahora sí siento que este rincón del mundo ha sido creado para guardar secretos y recuerdos, como una caja de luces imposibles, donde uno deposita aquellos instantes que no quiere olvidar jamás.
Sé que Boca do Río es un lugar donde todo tendrá sentido siempre. Y en medio de tanta vastedad y majestuosidad, doy gracias por vivir este descubrimiento junto a mi pareja, y por el privilegio de compartir con ella, aunque solo sea por unas horas, una mirada hacia la eternidad.
Gracias por sumergirte en esta historia.
A veces lo inventado revela más que lo vivido.
Con afecto,
Jaime Blanco.
#sentioergosum

Nota de autor:
Escribo relatos para perderme… y encontrar algo inesperado en el camino.
- Mar de ardora es el término con el que se designan los mares luminosos o fosforescentes, también conocidos en inglés como milky seas.
Se trata de un fenómeno luminoso producido en el océano donde grandes masas de agua emiten una misteriosa luz azul debida, según recientes estudios, a la proliferación de una bacteria bioluminiscente (Vibrio harveyi) y del dinoflagelado Noctiluca scintillans asociados a las microalgas de plancton. ↩︎



