por que elijo una vida aburrida

Por qué elijo una vida aburrida

Está bien vivir una vida tranquila, no es una anomalía.

Durante mucho tiempo pensaba que me estaba pasando algo malo. Que si mis días se parecían demasiado entre sí, si no había planes improvisados, ni noches locas, ni historias espectaculares que contar un lunes por la mañana, entonces, mi vida era simplemente un coñazo, de todas todas, aburrida.

Trabajo, leo, escribo, paseo, cocino algo sencillo, hablo un rato por FaceTime, veo alguna serie o película, me acuesto a medianoche, me despierto cuando todavía no ha amanecido del todo, y vuelta a empezar.

Contándolo así, en frío, no vende nada. No da likes. No inspira grandes historias. Y, sin embargo, aquí va la confesión incómoda: mi vida privada me gusta bastante.

Me gusta el café en silencio. Me gusta escribir cosas que quizá nadie lea nunca. Me gusta hablar conmigo mismo, hacerme preguntas, intentar entenderme sin prisas. Me gusta esa calma que algunos llamarían aburrimiento y que yo, a estas alturas, prefiero llamar paz interior.

Pero no siempre fui así.

Durante años intenté ser más ruidoso. Más visible. Más interesante para los demás. Quería encajar. Quería moverme. Quería demostrar algo, aunque no sé muy bien qué ni para quién. Creía que para «ser alguien» había que mostrarse, destacar, correr más que los demás o, simplemente, tener anécdotas brillantes que contar en cualquier reunión o sobremesa. Compartía mucho, sí. Pero no siempre lo hacía desde un buen lugar. Muchas veces compartía por hambre de atención, de validación, o simplemente para sentirme visto. Craso error…

Hoy comparto distinto. No para gustar más, sino para recordarme a mí mismo —en un futuro no muy lejano— quién soy ahora. Para ponerle voz a cosas que antes solo sentía en silencio. Para conectar con otros que sienten parecido. Y eso lo cambia todo.

Porque debajo de tanto ruido había mucho cansancio y yo creo que la vida acabó haciéndome ver que necesitaba una desconexión lenta, de esas que apenas se notan hasta que un día te paras y te dices: algo no va bien.

Hace unos meses vi una película japonesa —Perfect Days—. El protagonista limpia baños públicos en Tokio. Cada día. A la misma hora. Con la misma rutina. Y, aun así, su vida está llena de sentido. No pasa nada extraordinario. No hay giros de guion. Pero hay atención, cuidado y belleza en lo pequeño, en lo simple. No voy a decir que esa película cambió mi vida, no estaría siéndote sincero. Pero sí sentí algo distinto y bonito: sentí mucho alivio. La película me hizo ver que no es una anomalía, que está bien vivir una vida tranquila. Está bien la rutina. Está bien el no correr.

Y es que vivimos empujados por la sensación constante de que llegamos siempre tarde a algo. A lo que «deberíamos» estar haciendo para no quedarnos atrás. Y esa presión no te roba el alma de golpe, te la va quitando a cuentagotas. Siempre de la misma forma. Hasta que un día estás seco por dentro y no sabes cuándo pasó ni por qué te sientes vacío.

por que elijo una vida aburrida

Yo dejé de correr en la vida allá por 2018, y puedo decir —sin ruborizarme— que estoy listo para quedarme atrás sin sentir culpa. He aprendido a ver la alegría como un placer simple. Sentir paz disfrazada de rutina. Hay aventura en lo cotidiano, aunque no lo parezca: el simple hecho de pasarte más de un cuarto de hora escogiendo qué serie vas a ver, de salir a caminar sin saber a dónde vas ni importarte que así sea, de comenzar la lectura de un libro que crees que no te va a gustar y dejar sorprenderte… no sé… son pequeñas aventuras que calman un alma inquieta.

Aburriéndome como me aburro he recuperado algo que valoro mucho: el tiempo.
El tiempo medido en «presencia», no en cantidad de cosas realizadas. Tiempo para leer sin mirar el reloj. Para disfrutar de la compañía de Maia, mi gata. O para escribir sin tener claro qué contar o si acabaré eliminándolo.

Disfrutar del tiempo es algo esencial en mi vida. Y cada vez que reparo en ello, vuelvo un poco a mí.

También he hecho las paces con mi inquietud. Durante años pensé que mi calma era un defecto. Que para tener una vida plena había que ser extrovertido, brillante, ruidoso. Ahora sé que mi calma es mi casa. El lugar donde pienso mejor, donde creo con libertad, donde respiro de verdad. Y es que mi silencio no está vacío. Está lleno de pequeños rituales, de curiosidades, de preguntas, de historias que solo pasan en mi cabecita, en mi interior.

A veces me dicen que soy demasiado tranquilo, que les gustaría tener la paciencia que, al parecer, desprendo… Tanto familia como amigos me han dicho en alguna ocasión que les gustaría verme borracho, en una celebración o algo, para ver cómo sería yo sin ese temperamento tranquilo… no sé… Yo soy feliz siendo como soy, no voy a cambiar a estas alturas, porque si lo cambio, entonces dejo de ser yo. Y eso ya no me compensa, ya no tendría sentido.

Quizá algún día llegue algo distinto. Algo radical. No sé, un viaje, una mudanza, una sacudida de las buenas. Y estará bien. Pero hoy, esta vida que algunos llaman aburrida se parece mucho más a disfrutar de mi tranquilidad después de semanas caóticas de trabajo y sentir que todo está en orden, que no hace falta nada más.

Porque sí, mi vida no es emocionante. No tiene sorpresas. Pero tiene algo mejor: calma, verdad y un mundo interior despierto.

Así que sí: si alguien quiere llamarme aburrido, que lo haga.
A estas alturas, creo que muchas de las vidas que parecen aburridas desde fuera son las que realmente esconden las historias más interesantes en su interior.

Hace tiempo que dejé de perseguir la felicidad estrambótica que nos venden por todos lados para ir encontrando, poco a poco, la felicidad que se siente, la que yo escojo para mí.

Y, por ahora, con eso me conformo. Espero un 2026 lleno de tranquilidad y calma. Con tiempo para aburrirse, como está mandado.

Que sigas bien.

Gracias por leer hasta el final.
Gracias por estar. 💜

Con afecto,
Jaime.

Nota de autor:
Escribo para entender, no para explicar. La escritura es mi forma de pensar en voz baja.

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Jaime Blanco
Jaime Blanco

Escribo sobre lo que me atraviesa: el tiempo, el miedo, el amor, las dudas y esas pequeñas certezas que aparecen cuando uno se para a pensar. Si buscas textos que no griten, que no prometan salvarte la vida o que te acompañen un rato, estás en tu casa.