
Soneto de despedida a mi compañera Nuba
Poema #006 (Soneto doble, sin métrica)
Aquí escribo desde lo vivido. Experiencias reales, momentos concretos, escenas pequeñas que me dejaron huella. No hay lecciones magistrales ni moralejas forzadas: solo vivencias contadas con calma, para mirarlas de cerca e intentar entender qué ocurre cuando la vida aprieta… o cuando sorprende.

Poema #006 (Soneto doble, sin métrica)

1984 fue para mí el año más impresionante de mi vida. Descubrí el mundo del cine y lo importante que era sumergirme en historias imposibles y maravillosas.

Para poder aconsejar sobre algo, hay que vivir ese algo. Y las vivencias son muy diferentes, según la persona que las vive. Aconsejar y prejuzgar son actos demasiado serios y delicados.

Conociendo Santiago de Compostela y final de la aventura.

Historia de un ser especial que salva a un humano y de por qué el dolor es siempre necesario.

Conociendo a la tía Vicentita y de cómo una abuela de 98 años encandiló a un tímido niño de 5.

El tiempo pasa volando. Pero esta vez no siento la sensación del tiempo perdido.

Y de cómo conocí a Max e Ismael, mi primera experiencia, acercamiento y descubrimiento del mundo gatuno.

Luces y sombras en el comienzo de mi primer viaje.

Fue hace 30 años, pero parece que fue ayer...

La felicidad está en disfrutar de todas esas pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena.

¿Recuerdas esos días en los que te sentías invencible? Cuando el mundo estaba lleno de posibilidades y tus sueños parecían alcanzables. Buenas noticias: ¡la Segunda Juventud te espera!

Hoy te agradezco y honro cada una de las experiencias que pasamos juntos y que, sin duda, nos hicieron mejores personas, mejor padre y mejor hijo.

Tener el afecto y el cariño de una gata tricolor no tiene nombre. Hay que vivirlo, hay que experimentarlo para saber lo que es.

¿Qué sería de nosotros sin las noches? Si solamente usáramos las noches para dormir, mucha vida nos estaríamos perdiendo... ¿Verdad?