Todo en nuestra vida diaria se compone de hábitos, unos buenos, otros no tan buenos y muchos malos. Y digo muchos malos porque generalmente cuando hablo con alguien acerca de productividad y desarrollo personal siempre dice que tiene muchas cosas que cambiar y muchos malos hábitos que quiere quitarse de encima. En líneas generales, los malos hábitos superan a los buenos, sobre todo cuando uno empieza a darse cuenta de que tiene que cambiar las cosas.
Yo ya tomé la decisión hará cosa de un año de cambiar los malos hábitos en muchos aspectos de mi vida diaria, algunos he logrado cambiarlos, otros no, pero estos últimos fueron fallidos por falta de perseverancia o por no tener las cosas claras. Voy a seguir algunos consejos que he ido recopilando a lo largo del último año para seguir con mis cambios, porque una cosa está clara, los hábitos se pueden cambiar, por difícil que pueda parecer a veces, tan sólo tenemos que planteárnoslo muy en serio.
Estos son algunos consejos que pienso seguir:
- Saber lo que uno quiere. Indispensable. Uno tiene que saber qué persigue cambiando el hábito que quiere cambiar, tiene que estar seguro de que ese cambio le va a reportar algún tipo de beneficio o va a mejorar tu calidad de vida en algún aspecto. Cambiar de hábito en muchas ocasiones no es fácil, y menos lo será si no estamos convencidos de ello.
- Limitarse a un hábito a la vez. Cuando uno quiere cambiar de hábitos es importante no querer hacerlo todo al mismo tiempo, eso llevará al fracaso seguro. Pueden haber personas que, por su capacidad, podrán ser capaces de cambiar varios hábitos al mismo tiempo, no lo pongo en duda, pero para la mayoría nos cuesta más, es importante no afrontar más de un cambio de hábito al mismo tiempo.
- Pensar en una estrategia. Uno tiene que pensar y tomarse su tiempo para pensar cómo quiere realizar el cambio. No se pueden dejar cosas al azar. Por ejemplo, si queremos empezar a hacer deporte todos los días tendremos que pensar en qué momento del día nos viene mejor, si ir por la mañana, a mediodía o por la tarde. Pensar si vamos a un gimnasio o si lo hacemos al aire libre, etc… Cuanto más lo meditemos, mejor preparados estaremos.
- Fijar una fecha. A veces puede ayudar el hecho de fijar un día determinado como el inicio del cambio. Cuando uno tiene una “fecha de inicio” le da un cierto aire de seriedad y de importancia al objetivo que queremos conseguir. Dile a todos los tuyos que X día vas a dejar de fumar (por ejemplo), anúncialo, pon un papelito en la nevera. Haz de esa fecha un gran día, así se acumula la emoción y la cogemos con más ganas.
- Tomar conciencia del cambio. Esto va un poco ligado al primer punto. Hay que empezar a dejar los pensamientos negativos, no podemos estar siempre autoconvenciéndonos que el cambio es complicado, que va a ser imposible, que nos va a costar mucho… Es mejor pensar en positivo, tenemos que ver las cosas buenas que nos van a venir y las ventajas de adquirir el nuevo hábito, sino no merecerá la pena el cambio.
- No claudicar nunca. Esto parece obvio, aunque pocas veces lo llevamos a cabo. Si estamos convencidos de que queremos cambiar no debemos dar un sólo paso atrás en el camino. Dicen los expertos que un ser humano normal puede cambiar un hábito en algo menos de 30 días, por tanto debemos tener claro que tenemos que aguantar al menos ese tiempo para conseguir nuestra meta. Aunque suene duro, no podemos faltar un sólo día a nuestra cita, porque entonces habremos fracasado.
- Pedir ayuda, si es necesario. Si vemos que el punto anterior va a ser complicado o el reto se nos va a hacer muy cuesta arriba, podemos pedirle ayuda a los familiares, amigos o compañeros de trabajo, dependiendo del ámbito en el que nos encontremos. Ayuda mucho tener el apoyo de los que nos rodean para poder estar motivado. No se trata de que nos hagan las cosas o de que se sumen al cambio, ya que eso es personal de cada uno, basta con que nos apoyen y entiendan lo que estamos haciendo para que no se nos haga más cuesta arriba.
Imagen | *CQ*

