El Nilo, la cuna de Egipto (I)
Siempre me he sentido profundamente atraído por saber más acerca de antiguas civilizaciones perdidas y muy especialmente por la civilización egipcia. Hay tanto que escribir sobre ello que, obviamente, iré publicando artículos seccionados para no hacer del blog algo aburrido para el lector e irán apareciendo intercalados con otros artículos para que tampoco canse la temática. Empecemos pues por los inicios de esta magnífica civilización.
Los antiguos egipcios llamaban a su país kemet, “la tierra negra”, para diferenciarlo del desierto o deshret, “la tierra roja” que lo rodeaba. La tierra negra era la tierra cultivable, el fértil limo que el Nilo depositaba durante la inundación anual hasta donde podían llegar sus aguas.
Durante la Era Terciaria (hace unos 45 millones de años) Egipto estaba completamente cubierto por el mar de Tetis y al final de esta Era, durante el Oligoceno, fue cuando se formaron los Alpes y el Himalaya y las aguas del antiguo mar se retiraron hacia la cuenca del Mediterráneo, dando lugar a que emergiera el territorio correspondiente al Sáhara y a Egipto. Cuando se inició la Era Cuaternaria, en el Pleistoceno, se formó el sistema de los grandes lagos ecuatoriales y se instauraron las condiciones climáticas que llevarían al nacimiento del futuro Nilo. El río se originó debido a la unión de dos grandes ríos, el Nilo Blanco y el Nilo Azul, que se encontraron en Sudán, donde está situada la actual ciudad de Jartum. El Nilo Blanco drena los grandes lagos y tiene un régimen hidrográfico casi constante. El Nilo Azul, con el afluente Atbara, drena en cambio las montañas de Etiopía sometidas a la influencia de las lluvias monzónicas que incrementan enormemente su caudal al término de la estación primaveral. De este mecanismo surge el particular régimen del Nilo que tanto influyó en el desarrollo de la civilización egipcia. Durante su larguísimo curso hacia el Mediterráneo, las aguas del futuro Nilo recortaron las tierras blandas calcáreas que formaban el antiguo fondo del mar Tetis y excavaron un amplio valle. Tras un trayecto de unos 6.000 kilómetros de longitud y a medida que se acerca al mar se abre en abanico y se subdivide en diversos brazos formando lo que los griegos denominaron Delta a causa de la semejanza entre la letra de su alfabeto y la disposición de los brazos secundarios del río.
Sin el Nilo, Egipto hubiera sido un desierto en el cual hubieran podido sobrevivir, sin duda alguna, las comunidades nómadas, como ocurrió en el Sáhara, pero donde nunca hubiera podido desarrollarse una civilización milenaria.
Hace unos diez millones de años el Nilo discurría majestuoso por el denominado “Sáhara verde”. Las inundaciones anuales del río eran enormes, pero cuando las aguas se retiraban, una miríada de lagos, marismas y pantanos aparecían diseminados aquí y allá en las tierras emergentes. Allí habitaban cocodrilos, hipopótamos, toda clase de peces y aves. En este ambiente tan favorable, se movían las primeras comunidades de cazadores-recolectores que empezaron a domesticar a los animales y a cultivar las plantas, practicando junto a la caza y la recolección, el pastoreo, la cría de animales y la agricultura.

La faluca es la embarcación típica del Nilo, dotada de una vela enorme,
es capaz de aprovechar hasta las brisas más ligeras. Era el medio de
transporte de las personas y de las mercancías en un país en el que,
hasta el siglo pasado, las comunicaciones por tierra
eran prácticamente inexistentes.
El clima y la naturaleza favorecían los desplazamientos tanto a través de aquel desierto como a lo largo del eje del río: las materias primas y “las ideas” se intercambiaban con mucha frecuencia, lo cual enriquecía a sus habitantes. Hacia el año 5.000 a.C., cuando el clima empezó a hacerse cada vez más árido hasta parecerse al actual, la población, buscó refugio en el Valle del Nilo que les ofrecía condiciones de vida más favorables. Nacieron así los primeros conglomerados urbanos que se establecieron en dos áreas: al norte y al sur. En el sur, los asentamientos tuvieron lugar en una región situada en la parte montañosa de la futura ciudad de Tebas; en el norte, en la parte occidental del delta del Nilo y en El Fayum, región verde originada por la presencia de un brazo del Nilo que discurre sobre una vasta depresión formando el lago Birket Qarun. Los dos grupos se desarrollaron de forma diversa e independiente y dieron un aspecto dual a Egipto y, por esta razón, pronto se denominará “el país doble” o “las dos tierras”.
En estas primitivas comunidades la vida no podía desarrollarse sin un orden y una organización social que para los cazadores-recolectores era superflua. Así se fue definiendo la figura del jefe que después se convertiría en rey, es decir, el individuo que garantizaba la supervivencia de su pueblo, que organizaba el trabajo y la defensa contra los enemigos externos. La aparición de un rey o faraón y la de un poder centralizado fueron los elementos que permitieron la formación del estado dinástico. El Nilo fue el elemento unificador de este estado, el río aseguraba durante todo el año el agua vital que ya no procedía del cielo. Los antiguos egipcios basaron sus estaciones y la distribución de los trabajos en el ritmo de las inundaciones: a mediados de julio las aguas crecían en el Nilo, era la estación Ajet (la inundación) y duraba hasta finales de septiembre. Luego, cuando las aguas se retiraban y volvían a su cauce normal, empezaba la estación Peret, durante la cual tenían lugar la siembra, la fase germinativa (noviembre a marzo) y finalmente la fase de la maduración de los cereales y de la recolección, que se llevaba a cabo entre los meses de abril y junio, durante la estación llamada Shemu.
(Continúa en El Nilo, la cuna de Egipto (II))
Más información en:
- Wikipedia.org
- Historia del Antiguo Egipto de ediciones Akal S.A.
- EL ANTIGUO EGIPTO: ANATOMIA DE UNA CIVILIZACION de KEMP, BARRY J. Editorial: CRITICA



19/01/2008 
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